martes, 18 de marzo de 2014

Lo que es, es.

Carta nº 36: La importancia de empezar diciendo NO.
Bajo el prisma de la eternidad.

Se negocian negocios, litigios y conflictos, pero no se negocia el alma ni las relaciones personales. Negociar es útil en nuestro rol profesional, pero no en otros. La clave en las relaciones humanas no es ceder algo a cambio de algo, sino compartir, que es partir con.
Nadie debería de compensarnos por lo que damos de corazón, pues el dar ya encierra en sí mismo, su recompensa. La recompensa para mí es poder darte -me dijiste-, no negociar contigo.

Carta nº 37: Nunca se gana una discusión.
-¿Me quieres decir por qué eres tan amable con él, cuando ha ido contando mentiras tuyas por ahí?
-Es fácil. Yo no puedo permitir que sea él quien decida cómo voy a comportarme yo.

Es preferible perder un poco y ganar una vida. Las tres cuartas partes de los disgustos y de las enemistades nunca se hubieran producido si hubiéramos afrontado una situación molesta de entrada con un ''¿es realmente importante?''. Cuando preparo una reunión, cuando busco solucionar problemas, cuando doy consejo a alguien que me lo ha pedido... pienso siempre en aquellas cosas que verdaderamente importan, en las cosas que marcan la diferencia. Creo que la clave sigue siendo mantener los ojos enfocados sobre el gran objetivo.

Carta nº 38: La paradoja de recortar personal.
El pájaro mueve las alas y las alas mueven al pájaro pero, ¿quién mueve a quién?

Carta nº 39: No me dejé caer.
Sea cual fuere la realidad en la que uno se encuentre inmerso, es posible alterarla. No se altera cambiando lo externo a uno, se altera cambiando la manera en la que se procede en la vida.

Carta nº 40: ¿Voy o no voy?
Nada prueba tan contundentemente la habilidad de un hombre para dirigir personas, como la habilidad que ese mismo hombre tiene para dirigirse a sí mismo.

Carta nº 42:  Puede que tanta apocalipsis no sea cierta.
... porque el crecimiento del bien en el mundo depende, en parte, de actos que nada tienen que ver con históricos... y que ahora las cosas no nos vayan tan mal como podrían irnos se debe, en buena parte, a los muchos que vivieron fielmente una vida escondida y descansan en tumbas que nadie visita.

Puede que los dirigentes de una compañía continúen bailando como el que bailotea solo en una pista de baile sin saber que ya han cambiado a lentos.
Puede que haya gentes que, sobrados de soberbia, se empecinen en los errores del autismo, que creíamos ya erradicados. Puede que cambien tres, cuatro y hasta cinco veces de discurso y estrategia, y sigan en sus tonos afectados y sus deslealtades clásicas. Y puede que barbaridades aún mayores salgan de su boca como si tal cosa. Por poder, todo es posible.
Pero puede también que las gentes y la sociedad civil le estemos tomando la delantera a todos aquellos que tratan de edificar el futuro, basándose únicamente en experiencias pasadas. Porque lo que yo he aprendido hoy; la realidad que he sentido, lo que he percibido, no es algo sencillo y fácil de contar en estas cuatro líneas. Hay algo más. Hay algo mucho más que debería de preocupar seriamente a los que hacen de tragedias como las que yo he vivido, un jueguecito. Creo que hoy, las personas que estamos cogiendo las riendas de nuestra vida en nuestras propias manos, estamos escribiendo una de las lecciones más hermosas de libertad y de dignidad. Estamos escribiendo preciosas páginas de futuro. No permitamos que nada ni nadie nos distraiga. Sigamos adelante.

Cartas para vivir una vida. 
Germán González. Ana Liñares.

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