miércoles, 20 de noviembre de 2013

Escarlata


Guardo el sentir en la profundidad
escarlata de mi corazón,
lo guardo a salvo de rencores,
a salvo de orgullos desbordados,
a salvo de egos aumentados,
a salvo de miedos incomprensibles,
a salvo de injurias sobrehumanas.
Lo guardo dentro del capullo de la orquídea,
envuelto en mieles de atardeceres,
en astros que iluminan.

Navego a través de los mares del recuerdo,
donde se refleja el cielo que cubre el horizonte.
Estas ahí, en las montañas... altas montañas lontanas.

El Amor es un niño que tomo de la mano,
que cuido, aunque no sea mío,
aun sea agua escurriéndose en las palmas,
aun lo que queda solo sean dedos humedecidos
por palabras que se callan.

Estoy en esta soledad clara,
con las siete letras de tu nombre,
con tus ojos irradiando fuego.
Estoy sumida en el ascenso de tus manos
por mis piernas blancas.
En la caricia anhelada,
con mis labios en tu cuello,
con la vista en tu mirada.

En las noches me visita la luna,
como si fuese tu pupila
se me cuela en la ventana.
Y en el Poniente me llama un lucero,
y lo llamo yo, cuerpo celeste y sagaz,
sabe que habitas, eterno, en mi alma.

Ay, de mí. No busco nada, a nadie...
¿Quién podría sustituirte conteniendo la magnitud
que refulge en lo que has sido?
Lo fuiste todo en uno mismo,
difícil que otro astro opaque tu aura.

Y yo, me quedo así.

Heber S. S.

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