viernes, 22 de noviembre de 2013

El niño que nunca creció

Wendy
Y campanilla salió por mi ventana… me quedé mirándola y despidiéndome de mi sueño juvenil. 
Sería la última vez que nos veríamos pero no sentí pena, ni nostalgia de aquella época en la que no tenía que preocuparme por nada. Curiosa la sensación, porque siempre pensé que cuando llegara el momento de dejar esta etapa de mi vida un gran vacío en mi interior, perdería mi identidad, el sentido de mi vida. Pero había aprendido tanto… 
Me senté en mi mecedora, me asomé y vi a Luna, mi hija, pronto sería ella la que se reencontraría con Campanilla y empezaría a construir sus alas para volar. 

Desde el silencio cómplice, miraría la evolución de su aprendizaje hasta que del mismo modo que yo descubriría que la magia de las hadas sirve para abrir las puertas a los sueños, para construir nuestras identidades sabiendo que somos seres únicos y especiales, pero humanos. Descubrirá la sensación de vértigo que supone el estar preparada para ser libre y dejar ser libre a las demás personas, también descubrirá la importancia de las alianzas entre las mujeres para no hacerse daño y luchar contra el embrujo de Petter Pan, que como niño que es, de manera silenciosa nos hace mantenernos alrededor de él, prometiendo un mundo mágico donde él es el centro de la historia y nosotras las que alimentamos su mundo sin ser reconocidas y respetadas.

Aprenderá la verdadera historia de campanilla y la de tantas otras campanillas que fueron ocultadas tras la sombra de un hombre, sin que ello suponga la pérdida de la magia de soñar, de amar, de sentir…

De repente me invadió el miedo. ..¿si eso no ocurre?

En la oscuridad vi una luz blanca. Me acerqué a ver qué era el brillo, me resultaba conocido. En la cómoda había una bolsa violeta, la abrí y la luz se intensificó. Eran los polvos mágicos que Campanilla utilizaba para hacernos volar.

Mi corazón se tranquilizó y esa noche dormí como cuando era un bebé, tranquila, despreocupada y soñando con quien a partir de ahora podría llegar a ser. 


Campanilla

Cuando me alejaba de casa, de la que durante un tiempo fue mi enemiga, con la que me enfrenté por el cariño de Petter Pan, y tras cerrar una etapa de mi larga vida, sentí en mi vientre un estallido. Noté cómo empezaba a nacer la verdadera Campanilla, o al menos había descubierto el camino para volver a construirme.

La naturaleza hiló mi destino para tener alas y ser un ser mágico, pero nadie me enseñó a utilizar este don y como debía usarlo.

En mí siempre estuvo el miedo a no ser querida, a que la gente me tuviese miedo por mi forma de ser y, sin darme cuenta, decidí amar sin condiciones a Petter Pan. Volqué toda mi energía en mantenerlo cerca de mí, en mostrar lo maravillosa que era.

Iban pasando los años y cada vez tenía más poder, sabía hacer más cosas pero siempre estaban centradas en mantenerlo cerca de mí. Mi luz cada vez era más intensa. Era como el reflejo de la luna en el agua, bello pero falso.

La llegada de Wendy, hizo que todo se tambaleara. Petter Pan se olvidó de mí, y nada de lo que había hecho tuvo importancia, ante la novedad de otra niña que le ofrecía, como yo lo hice, incondicionalmente sus cuidados.

Sentí odio, rencor y un gran vacío al descubrir que mi luz se perdía cuando él no estaba. Dudé de mi propia existencia y decidí vengarme de él y también de Wendy.

Me alié con el Capitán Garfio, pues pensé que al ser fuerte podría serme de ayuda.

Ahora, trascurrido un tiempo me doy cuenta que me equivoqué, pues no solo no asumí que era responsabilidad mía el elegir el tipo de relaciones que quería tener con cada persona y que no puedo dejar en manos de nadie mis problemas, mis sueños, mis deseos. También he descubierto con Wendy que en vez de luchar por las migajas de cariño que nos da otra persona es mejor luchar por nosotras y no contra nosotras.

Si Petter Pan no valora quien soy, tal vez no sea el hada adecuada para él. Si no acepta que las hadas también necesitamos que nos cuiden, que nos somos las criadas de nadie, seguramente no es una buena compañía.

Llegó el momento de dejarlo libre. Ahora soy libre de usar la magia cuando quiera y con quien quiera.

Pero antes de que pueda volver a hacer soñar y alimentar los sueños de otras personas, ha llegado el momento de recordar cuáles eran mis sueños: Aprender a gestionar mis emociones y no dejarme llevar por la educación de buen hada porque sólo me lleva a generar relaciones de dependencia, a negar mis sentimientos y necesidades.

Sí, a veces dudo. Ahora hay partes de mí que no reconozco y tengo muchas contradicciones, pero siento que tengo la energía suficiente para seguir construyendo mi propia vida. Mis alas, que ahora vuelan más alto, siempre me ayudarán a mantener mi esencia. Soy un hada pero también tuve derecho de equivocarme. Soy digna de respeto, de ser querida y de querer. Tengo derecho a negarme ante lo que no quiero, a elegir mi propia vida y ser la persona más importante para mí.

Wendy aprendió de mí a mantener su magia mientras exploraba otros mundos. Y ella me enseñó a no perderme en los sueños ajenos, a no ser el brillo de los demás sino el mío propio.


Busca la bolsita, tu magia solo está dormida.

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