jueves, 21 de noviembre de 2013

El defecto.

¿Acaso aquellos que no son perfectos no tienen derecho al amor y al deseo? El reloj marca medianoche y no puede dormir. Da vueltas en la cama intentando acomodarse de algún modo en que logre conciliar el sueño. Es sábado y el viento acerca a sus oídos la música alegre que viene del club de su barrio. Es carnaval y hay baile, seguramente los jóvenes de su edad se están divirtiendo, pero él no es bienvenido en esas fiestas. Sólo si quisiera ser el centro de miradas lastimosas y burlonas por parte de la gente. Ya está acostumbrado, pero no tolera más que sientan pena por él. Es consciente que no puede llevar una vida normal y todo el tiempo tiene presente las secuelas irreversibles que una enfermedad en la niñez le ha dejado por castigo y ha terminado por resignarse. Sólo se ha dedicado a acumular conocimientos, viviendo la vida a través de los libros y encontrando en las revistas el mundo del que se siente excluido… especialmente el sexo opuesto. Sus pensamientos siguen vagando, llenando su cabeza de fantasías que la razón le dice que son inalcanzables para él, mientras imágenes de hermosas mujeres semidesnudas alimentan su imaginación, porque hasta ahora no ha tenido la oportunidad de conocer los placeres de la carne. Pero cuántas veces los ha acariciado y besado con su mente mientras sus ávidas manos comenzaban a despertar sensaciones placenteras pensando en aquellos cuerpos que encierran tesoros para él. Imaginando lo que sería tener a la mujer de sus sueños más ardientes, aunque por ahora se conforma con tener su amistad mientras la desea en silencio. Julia es su vecina y se conocen desde niños. Ella viene todos los días a visitarlo, parece no importarle la apariencia de él, al contrario lo mira con dulzura y eso es un alivio para su alma. Él adora escucharla… mirarla…sentirla tan cerca, percibir su aroma… mantener su atención…hacerla reír. Cuando están juntos el tiempo parece detenerse. Por lo menos sus relatos y sus ojos claros son apreciados por la chica de sus sueños y así logra tenerla más tiempo junto a él. Todo sea por recibir ese ansiado beso y abrazo que ella le da cada vez que lo saluda y llenan ese vacío de caricias que lo atormenta cada día. Necesita desahogarse y esta noche más que nunca tiene al deseo arañando en su almohada. Escucha voces en su ventana, se levanta de la cama y se acerca a mirar detrás de la persiana. No lo puede creer. Es ella y está con un hombre que la tiene abrazada. Quiere ver más porque apenas puede divisar desde donde está. Ellos se acercan más hacia la parte oscura de su jardín, más cerca de su ventana. Ahora sí puede verlos con claridad, se están besando apasionadamente mientras la toca por debajo de la falda. No puede evitar excitarse al espiar cómo ellos se entregan a las caricias. Es la primera vez que está tan cerca de aquello que anhela experimentar. Los gemidos de ella le han hecho acelerar el corazón y siente como su miembro se endurece al escucharlos tan claramente. Ya no puede evitar comenzar a masturbarse. La escena se va calentando cuando el joven termina por apoyarla contra la pared y ella lo ayuda abrir su pantalón. Siente como el furor se apodera de ellos. Julia toma entre sus manos el miembro, acariciándolo, él le besa el cuello y esos besos bajan hasta los senos llenándose la boca con ellos, ella gime enloquecida y levanta el muslo izquierdo para permitir una pronta apertura de su sexo y él se ubica para comenzar a penetrarla con una embestida en que ambos se mueven deprisa como acelerando el momento, antes de que alguien salga y los encuentre. Los jadeos de ellos son intensos y se mezclan con los suyos, siente que se va, tiene que cerrar sus ojos porque ya no da más, la imagen extasiada de ella lo está enloqueciendo y termina por recibir un sinfín de descarga que se escapa entre sus dedos. Han sido tan breves esos instantes pero los más deliciosos que ha logrado. Al volver en sí mira hacia donde ellos están y permanecen inmóviles. Pasaron unos segundos, ella acomodó su vestido, le dio un fugaz beso y entró en su casa. El espectáculo había terminado dejándolo más inquieto. Esa madrugada fue el comienzo de su historia. Al despertar lo primero que pensó fue en su vecina y amiga. Seguramente hoy vendría a verlo como cada domingo por lo tarde. Estaba ansioso de ese encuentro. Verla cogiendo con otro había despertado un deseo casi obsesivo por ella y quería tenerla. Hoy podía ser que las cosas se dieran si él se atrevía a confesar sus sentimientos. Sus padres habían salido y volverían tarde. Estarían solos. Cuando Julia llegó, él estaba sentado en el sofá de la sala leyendo. Se la notaba radiante y feliz. Tenía puesta una falda tan corta que apenas cubría sus nalgas. Se sentó a su lado, lo abrazó y le dio un beso como siempre, él deslizo su mirada por el escote deteniéndose en el primer botón de la camisa entallada que resaltaba sus preciosos senos. Sintió su corazón acelerarse al tenerla a su alcance. — Se te ve muy contenta — dijo él. Lo miró sorprendida. Lo conocía muy bien y algo había en su tono de voz y en sus ojos. Destellos diferentes. —¿por qué lo dices? si estoy como siempre. Anoche fui a bailar si quieres saber. —Sí, lo sé. Te vi por mi ventana, estabas con alguien. ¿Quién es él?—preguntó. Ahora ella sintió vergüenza y pena por él, percibió los celos en su pregunta, seguramente había visto todo lo que pasó entre ella y su amante. Se acercó como para abrazarlo y él tomo sus manos y las besó. — Por favor, no sientas lástima por mí, ya demasiado tengo con mi deforme cuerpo para que me mires así. Mi defecto está en mi espalda pero no en mi alma—dijo— Sé que no me ves como a un hombre pero yo te deseo y no sabes cuánto. Ella quedó en silencio. —No imaginé lo que sentías por mí. Pero nunca sentiría pena por ti—dijo ella mirándolo directo a los ojos y sintió correr por su cuerpo un calor sofocante que le oprimió el pecho. Necesitaba mostrar sus sentimientos, por eso llevó su mano al rostro de él y empezó acariciarlo. Se dejó llevar por la sensación y lo besó. Sus labios tibios se posaron en su boca y él correspondió sin temor a ser rechazado. Había mucho deseo contenido entre ellos y este era el momento de sacarlo a la luz. La abrazó contra su pecho y sus besos fueron más intensos. Estuvieron intercambiando caricias un buen rato en aquel sillón mientras la excitación se apoderaba de ambos. Ella sintió la erección de él sobre la tela del pantalón al apoyar su mano. Se sorprendió al notar el tamaño que adquirió, era grande y eso la excitó más. Estaban solos en la casa y pensó que esta era una oportunidad. Las experiencias de ella eran esporádicas y apenas podía gozarlas, como sucedió la noche anterior, su madre siempre estaba vigilándola como para tener un tiempo de estar a solas con un hombre y gozar de todos los placeres que ella imaginaba. Octavio no era alguien que su madre consideraba una amenaza para el pudor de su hija, por eso la dejaba pasar tiempo con él. Ahora estaba sucediendo algo mágico.Deseaba poder gozar de todo aquello que sus amigas le contaban y éste era el momento de hacerlo. Se sentía atraída y los defectos físicos de él no eran un obstáculo que les impidiera tener sexo. Entre los besos y caricias, ella continuó tocándole el miembro delineándolo con sus dedos por encima de la tela, estaba curiosa de verlo. Le ardían las mejillas y su ropa interior estaba empapada. Deseaba que él la toque y la bese allí. —Vayamos a tu cuarto por favor—le dijo entre gemidos. El estaba enloqueciendo de placer. Lo ayudo a levantarse y fueron juntos hasta la habitación, cerró la puerta con llave, mientras él se recostó en la cama mirando cómo ella se iba desvistiendo poco a poco hasta que al fin quedo desnuda como la había imaginando tantas veces en sus noches de desvelo. Se besaron, dejo que él acaricie su cuerpo descubriendo la suavidad de su piel mientras iba reconociendo con sus manos esos senos que se ofrecían a sus labios como fruta madura. Que delicia pensó. Con delicadeza mordisqueo los pezones y a ella le encanto esa sensación. Julia tomo la iniciativa y se monto sobre él quitándole el pantalón, quería conocer más de lo que sus dedos habían acariciado hacia unos minutos. Lo ayudo a quitarse la ropa. No daba más de lujuria y cogió con su mano el pene y lo llevo directo a la boca. El miraba estupefacto como su pedazo se perdía devorado una y otra vez entre esos labios carnosos que eran bien ayudados por una hábil lengua que lo dejaba sin aliento. Nunca se habría podido imaginar el inmenso gozo que estaba sintiendo al ver como ella se engolosinada con su miembro. Pero quería disfrutar del sexo de ella en su boca. Por eso le pidió que se diese vuelta, ella obedeció enseguida porque es lo que estaba esperando. Su amiga Susy le había dicho que pruebe el 69, que le iba a encantar y ahora iba hacerlo. Se puso en posición para dejar la cara de el debajo de su sexo, él coloco las manos en sus glúteos y sintió algo caliente posarse en su vulva que comenzó a succionarla rápidamente y tras cada movimiento intenso que le daba la dejaba sin aliento. El maravilloso cosquilleo que estaba sintiendo la hacía empeñarse más en continuar chupando para no desfallecer. Para el este era un manjar que quería disfrutar sin prisa y sin pausa, quería hacerlo bien, lo sentía en los gemidos y movimientos de ella. Sentirla entregada lo excitaba mas. Su miembro estaba durísimo como una roca que palpitaba entre los labios de ella y los testículos parecían querer estallar en cualquier momento. No quiso pensar en ello, se concentro y siguió con ahínco degustando de ese coño hasta sentirlo correrse en su boca. Julia estaba en el máximo apogeo y quería más. Se incorporo y montada sobre él, comenzó a introducir el miembro lentamente, el rostro de Octavio estaba embelesado ante la imagen desatada de ella que se movía sin parar, gimiendo y clavando sus dedos en su cuerpo a medida que iba aumentando los movimientos, entrando y saliendo gustosamente de su sexo hasta sentir como comenzaba con fuerza a aprisionar su miembro y una descarga de espasmos termino por dejarla tendida sobre su pecho. Sus cuerpos quedaron envueltos con un abrazo intenso mientras ella se reponía. Para él este era un sueño del que no iba a despertar. Ya no sentía sus defectos, estaba seguro de su cuerpo y lo más importante en ese momento era que su miembro continuaba rígido, tenía el tamaño y grosor suficiente para complacer a esa mujer y ahora era su turno de mostrar lo que podía darle.

(No recuerdo el nombre de autor, pero qué grande. Si alguien lo conoce, agradecería que lo diga)

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