sábado, 1 de junio de 2013

Vivir en congruencia.

Mi pensamiento puede evolucionar, mi manera de ver las cosas hoy puede ser radicalmente distinta a cómo las veía ayer, pero entre uno y otro momento, o entre las dos ideas, debe haber un hilo conductor del proceso que permite comprender el cambio de los conocimientos y del proceso. Los dos pensamientos, aunque contradictorios, son congruentes: uno con la persona que yo era en ese momento, y otro con la que soy ahora.
Hoy puedo ser de izquierdas y mañana de derechas; hoy pueden gustarme los morenos y mañana los pelirrojos; hoy puedo ser católica y mañana musulmana; hoy puedo ser del Barça y mañana del Madrid... Pero lo importante es que, dada la situación que se presente, sea fiel a mis sentimientos y mi forma de pensar. No es lo mismo ser contradictorio con mi pasado que ser incongruente aquí y ahora.

Pienso en el día en que llegue al cielo. Quizá Dios me esté esperando para preguntare por qué no fui como Moisés, como Jesús o como Gandhi... Me angustia darme cuenta de que no voy a poder darle más que excusas absurdas...
El maestro lo mira y le dice:
-A mí me pasa igual... pero diferente. Si cuando yo legue al cielo, Dios me hace esa pregunta, sé que tendré mucho para argumentar. Sin embargo, si apenas llegue al cielo, Él me preguntara: "¿Por qué no fuiste como realmente eres?", sé que sólo podría bajar la cabeza y quedarme mudo. No tendría una sola respuesta que dar...


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