sábado, 8 de junio de 2013

Amor.

Todos andamos por el mundo con una gruesa capa exterior, que equivale a una máscara y que contiene lo único que mostramos a los demás en nuestros encuentros casuales e intrascendentes de cada día. Un disfraz de persona educada y socialmente aceptable.
Si, por alguna razón, nos implicamos un poco más con el de afuera, recurrimos a alguno de los roles que aprendimos y que están almacenados y clasificados prolijamente en la segunda capa. Roles que aprendimos por conveniencia en algún momento o que fueron impuestos bajo amenaza, pero que en el presente hemos aceptado y asumido como propios. De alguna manera, son también uniformes, pero de tan lejos no se ven. Cuando entablamos una relación, aunque sea superficial con una persona, abrimos un hueco en la cáscara y le permitimos conocer algunos datos de nosotros que van un poco más allá de nuestro primer disfraz.

Cuando él rezó, yo me di cuenta de que no era de mi religión.

Cuando gritó su odio, no estaba dirigido a los que yo odiaba.
Cuando se vistió, sus ropas no eran siquiera parecidas a las mías.
Cuando habló, no lo hizo en mi idioma.
Cuando tomó mi mano, su piel no era del color de la mía.
Sin embargo, cuando rió, noté que se reía igual que como yo me río.
Y cuando lloró, supe que su llanto era exactamente igual al mío...


Amando de verdad seremos capaces de obrar adecuadamente en todas las situaciones, porque sería imposible olvidar que los deseos o necesidades de los demás tienen igual validez que los nuestros, aunque sean incompatibles.


El tiempo es muy lento para los que esperan,
muy rápido para los que tienen miedo,
muy largo para los que se lamentan,
y muy corto para los que festejan.
Y para los que aman...
para los que aman, el tiempo es eternidad.
W.Shakespeare

1 comentario:

  1. Tienes un blog precioso :)
    Tu pasión y optimismo son maravillosos. Espero que te vaya todo bien. Un saludo.

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