jueves, 13 de diciembre de 2012

Terapia.

Para él, escribir era como una terapia.
Dejar plasmados en palabras pensamientos y sentimientos era algo casi mágico, transmitir emociones en unas pocas líneas significaba que las sentía, o podía sentirlas, y por tanto, que estaba vivo.
Miedos, penas, tristeza, dolor, angustia, frustración, abundaban en sus escritos, como si de ese modo pudiese deshacerse de ellas, o al menos paliar en parte las sensaciones que lo abrumaban.

Ignoraba si las palabras conseguían producir en quienes las leían algún efecto. Bueno o malo, eso dependía de cada persona. Lo realmente importante era transmitir.

Lamentaba no ser capaz de escribir textos que, al leerlos, produjesen sonrisas de esas que tanto añoraba, pero no era él quien decidía. Lo hacía su corazón. Y éste, nunca mentía.

Tras terminar un relato, siempre lo leía. Y al hacerlo, a veces se estremecía por tanto dolor expresado.

Otras, se sentía reconfortado, pues existía en algunas de sus historias un destello de esperanza.
Y en casi todas se veía a él mismo, identificando multitud de hechos, o sueños, de su propia vida, pues aunque no era él quien escribía, sino su corazón, era éste quien más lo conocía y, muy a su pesar, el único que lo quería.

Pero también por suerte, el único que todavía lo quería.
Por suerte...
Todavía...

No hay comentarios:

Publicar un comentario