jueves, 31 de mayo de 2012

Mi madre nos regaló una bonita rosa de plástico teóricamente para alegrar nuestra habitación por eso de que la flor es una imagen, o más bien una idea de la naturaleza. Su rojo escarlata estaba siendo enterrado por el polvo que cada vez la asfixiaba más.
Si al menos alguien de la familia pudiera darse cuenta de que esta flor carece de naturalidad, con su etiquetita dorada 'Made in Hong Kong' pegaba bajo un pétalo, bastaría con un pequeño gesto sin esfuerzo para despegar esa etiqueta y empezar a creer en esa ilusión. Pero me niego a tocarla, no quiero hacerle un lugar en este cementerio de muertos vivientes.

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