jueves, 12 de enero de 2012

Cómo hablar de amor sin decir te quiero.

La vida es… no sé, nunca pensé que me tocaría definirla. Supongo que me he acostumbrado a abrir los ojos cada mañana y no preguntar el porqué sigo respirando un día más. Te levantas y el frío te cala en los huesos, se eriza la piel y el sol deslumbra tu vista. Solemos rascarnos los ojos y apartarnos el pelo de la cara. Después de esto me gusta coger una buena bocanada de aire y notar como mis pulmones se hinchan de existencia.
Viajo, camino y conozco a cientos de personas cada día. Las calles son grises, ruidosas y atolondradas y la gente parece estar ocupada acumulando pensamientos en el cielo, que últimamente amenazan lluvia. Pero yo camino tranquila y miro los rostros de la muchedumbre y si alguien me devuelve la mirada intento entender su corazón. Me pregunto quién será y qué siente. Y más allá de lo que reflejen sus ojos veo vida. Estamos plagados de ella, allá donde voy encuentro océanos y universos de vida. Está en los pasos de la gente, en su aliento, el viento revolviendo cabellos, el pestañeo continuo, la comisura de los labios, el roce de la mano con la barandilla, las prisas por coger el metro, el sonido de emergencia, los ‘buenos días’ espontáneos y el sabor del primer trago del desayuno.
Abunda en sobremanera, tanto que corres peligro de acostumbrarte y no saber valorarla. Simplemente está ahí, como todo y crees que no puede irse a ninguna parte. En cierto modo, la vida nunca te abandona. Eres tú quien la olvida. Yo he tenido épocas en las que he estado apunto de olvidarme de ella. De repente el mundo era completa rutina y no me ofrecía nada, por lo que no me paraba a vivir. Me dedicaba a seguir existiendo día tras día. Pero ahora todo es distinto, ahora hay imágenes que me impactan, sonidos que me despiertan y semáforos en ámbar que me hacen dudar entre cruzar la calle o esperar. Mi mundo, mi vida está llena, completa y me siento realizada con cada suspiro, cada gesto y cada latido que proceso involuntariamente. Me alegro a cada instante de estar viva ahora mismo. Estoy satisfecha con ella y podría morir dando gracias por todo aquello que siento en mi corazón.

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