martes, 31 de enero de 2012

A pesar de todo...

Sonrío... Aunque la vida me golpee, aunque no todos los amaneceres sean hermosos, aunque se me cierren las puertas.
Sueño... porque soñar no cuesta nada, porque quizás mi sueño pueda cumplirse, porque soñar me hace feliz.
Lloro... porque llorar alivia mi corazón, porque mi angustia decrece, porque cada lágrima es un propósito de mejorar mi existencia.
Amo... porque amar es vivir, porque si amo quizás reciba amor, porque prefiero amar y sufrir que sufrir por no haber amado nunca.

viernes, 27 de enero de 2012

Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas, el puré de reproches con sardinas, las golondrinas muertas en la almohada.
Lo malo de después son los despojos que embalsaman el humo de los sueños, el sístole, los teléfonos que hablan con los ojos. El sístole sin diástole ni dueño.
Lo más ingrato es encalar la casa, remendar las virtudes veniales, condenar a la hoguera los despojos.
Lo peor del amor es cuando pasa... Cuando al punto final de los finales no le quedan dos puntos suspensivos.

Joaquín Sabina

miércoles, 25 de enero de 2012

Tiene moraleja

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos y lo que más me gustaba de ellos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un tamaño, un peso y una fuerza descomunales... Pero después de la actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y aunque la madera era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capa< de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría librarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente: ¿qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando era niño, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces por el misterio del elefante... Alguno de ellos me explicó que el elefante no huía porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: "Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?" No recuerdo haber recibido una respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca.
Hace algunos años descubrí, por suerte para mi, alguien había sido lo suficiente sabio como para encontrar la respuesta: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño"
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento el elfantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca  era demasiado dura para él.
Imaginé que se dormía agotado y al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día y al otro... Hasta que, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque el pobre cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a poner a prueba su fuerza.
Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de cadenas que nos restan libertad. Vivimos pensando que "no podemos" hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo lo intentamos y no lo conseguimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante,  grabamos en nuestra memoria este mensaje: No pude, no puedo y nunca podré.
Hemos crecido llevando este mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca. Cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos: "No puedo y nunca podré"
Esto es lo que te pasa, vives condicionado por el recuerdo de una persona que ya no existe en ti, que no pudo.
Tu única manera de saber si puedes es intentarlo de nuevo poniendo en ello todo tu corazón.



Jorge Bucay

martes, 24 de enero de 2012

Ser joven no es tener entre diez y treinta años. Ser joven es salir a la calle y comerse el mundo. Correr bajo la lluvia y creer que el sol nacerá de nuevo un millón de veces más antes de morir. 

lunes, 23 de enero de 2012

Siempre me considero una yonki del amor, enganchada a mi propia droga. Pero lo que nunca digo es que yo misma puedo ser adictiva. 
¿Te atreves a sufrirme?

La pasión mueve el Mundo

Me gusta entrenar, por muchas cosas, me gusta en sí, lo considero un arte el poder expresarte a través del cuerpo, saber manejarlo en todos los conceptos, poder desenvolverse uno mismo, resolver situaciones, te vuelves mas disciplinado en lo que sea, y acabas viendo las cosas mucho más claras y muchas más cosas.

Víctor Plasencia

viernes, 20 de enero de 2012

Para algunas personas, de forma inexplicable, el amor se apaga. Para otras, el amor sencillamente se va. Si bien es cierto, por supuesto, que el amor también puede encontrarse, aunque sea solo por una noche. Sin embargo, existe otra clase de amor, el más cruel, aquel que prácticamente mata a sus víctimas. Se llama amor no correspondido. La mayoría de historias de amor hablan de personas que se enamoran entre sí, pero, ¿qué pasa con los demás? ¿Quién cuenta nuestra historia? La de aquellos que nos enamoramos solos, somos víctimas de una aventura unilateral, somos los malditos de los seres queridos, los seres no queridos, los heridos que se valen por sí mismos.

Romper el límite

No importa quiénes seamos, no importa dónde vivamos, todos tenemos unos límites. A veces reales, a veces imaginados. Muchos de nosotros nos contentamos con vivir dentro de esos límites; otros están obligados a ello. Pero algunos necesitan romper esos límites, atravesarlos para salir fuera, aunque lo que les espere fuera sea algo desconocido o aterrador.

martes, 17 de enero de 2012

Chicago

Pop. Seis. Zas, No, no. Cicero. Lipschitz.

Y ahora las seis complacientes asesinas de la prisión de Cook nos ofrecen su interpretación “El tango del pabellón”:
Se lo merecía, se lo merecía, es el único culpable, de haber estado, de haberlo visto, seguro que habrías hecho lo mismo.
- Hay personas que tienen vicios que te ponen de los nervios, como Bernie. Le gustaba mascar chicles. No, mascar no. Hacer pompas. Un día llego a casa bastante enfadada y esperando un poco de consuelo y veo a Bernie tirado en el sofá bebiendo cerveza y mascando. No, mascando no, haciendo pop. Entonces voy y le digo: “¡Vuelve a hacer pop una vez más…!” Y lo hizo. Así que cogí la escopeta de la pared y disparé dos tiros de aviso, justo en su cabeza.
Se lo merecía, se lo merecía, es el único culpable, de haber estado, de haberlo oído, seguro que habrías hecho lo mismo.
- Conocí a Ezequiel Young de Salt Lake City hará unos dos años y me dijo que era soltero. Los dos congeniamos enseguida y empezamos a vivir juntos. Se iba a trabajar y cuando volvía le preparaba una copa y cenábamos. Hasta que lo descubrí… Soltero me dijo. ¿Soltero? ¡Y un cuerno! No sólo estaba casado: tenía seis esposas. Era un mormón de esos… Esa noche cuando volvió del trabajo y le preparé una copa, como siempre… Y ya se sabe: hay hombres que no toleran el arsénico.
Se lo merecía, se lo merecía, tomó a una chica en la flor de la vida y la usó, y hasta abusó. Fue un asesinato, pero no un crimen.
- Estaba de pie en la cocina, trinchando el pollo de la cena, pensando tranquilamente en mis cosas, cuando irrumpió mi marido Wilbur loco de celos. “¡Te has cepillado al lechero!”, dijo. Estaba desquiciado y no dejaba de gritar “¡Te has cepillado al lechero!”. Se topó con mi cuchillo. Se topó con él diez veces.
De haber estado, de haberlo visto, seguro que habrías hecho lo mismo.
- ¿Qué estoy haciendo aquí? Según ellos, la policía húngara, maté a mi marido. Pero yo no fui, no soy culpable. No lo soy. No puedo creer que el tío Sam diga que fui yo. Dicen que fui yo, pero en realidad…
- Ya, ¿pero lo hiciste?
- No, no. Soy inocente.
- Mi hermana Verónica y yo éramos un dúo. Y mi marido Charlie viajaba con nosotras. Bien, en nuestro último número hacíamos veinte acrobacias seguidas. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, spagats, saltos del águila, mortales, flig flags, uno tras otro. Una noche, antes del espectáculo, estábamos los tres en el hotel Cicero empinando el codo y riéndonos de tonterías. Nos quedamos sin hielo, así que salí a buscar un poco. Cuando vuelvo, abro la puerta y veo a Verónica y a Charlie haciendo un 17, el salto del águila. Bueno, me produjo tal conmoción que perdí la cabeza y no recuerdo nada. No fue hasta después, cuando me lavaba la sangre de las manos, que supe que estaban muertos.
Se lo merecían, se lo merecían, hacía tiempo que se lo merecían. Yo no lo hice, y si lo hice, ¿quién puede decir que estaba equivocada?
Se lo merecían, se lo merecían, hacía tiempo que se lo merecían. Yo no lo hice, y si lo hice, ¿quién puede decir que estaba equivocada?
- Quería a Lipschitz más de lo que podría expresar. Era un auténtico artista. Muy sensible, un pintor. Pero necesitaba encontrarse a sí mismo y salía todas las noches a buscarse y de paso encontró a Ruth, a Gladis, a Rosemary y a Irving. Podría decirse que rompimos por diferencias artísticas. Él se veía vivo y yo le vi muerto. El animal, el animal, el animal, el animal, el animal.
Se lo merecían, nos usaron y hasta abusaron, ¿quién dice que nos equivocamos?
Se lo merecía, es el único culpable. De haber estado, de haberlo visto, seguro que habrías hecho lo mismo.

sábado, 14 de enero de 2012

Que nada nos quite nuestra manera de disfrutar la vida.

Hay días en los que uno no se levanta con ganas de sonreír, y mucho menos de hacer sonreír a los demás. Esos días donde la realidad parece tener un sólo punto de vista, el negativo. No es falta de inspiración, es el mal rollo que alguien te contagia o esa sensación de que el mundo ya no está para bromas. 
Se puede ver cada día el lado bueno de todo.

viernes, 13 de enero de 2012

Tú existes

Yo solía quejarme todo el día y mi frase preferida era: ¡La vida es una mierda! 
Las ciudades son grises y tristes, la gente está siempre muy ocupada, estresada. Todo lo rige el dinero y si no tienes ¿qué? Te mueres de hambre. Y todo se convierte en un ciclo, trabajar para ganar dinero que te da de comer, comer para vivir y tener fuerza para trabajar y así seguir ganando dinero. ¿Y dónde está el respeto? ¿Y la educación? ¿Dónde se han quedado las sonrisas espontáneas? ¡En casa! El mundo se olvida su sonrisa en casa y todos salen con sus caras de vacío existencial, de cabreo y asco. Y te tratan mal y se la suda porque están ocupados pensando en otras cosas, pero ¡pobrecitos, tienes que entenderlos! Tienen una vida "muy dura". Sí, y a los demás que les den. 
Por si fuera poco, los coches hacen demasiado ruido y contaminan y eso hace que la gente esté de peor humor y la calle sea todavía más gris. 
Los humanos somos tan vulgares, tan mediocres. Dormimos mal, comemos peor y vivimos de puta pena, ¿para qué? Para morirte de viejo, con una pensión de mierda teniendo la sensación de que la vida se te ha escapado trabajando para nada. 
Pero luego, te paras a pensar por un instante más allá de tus narices y te das cuenta de que eres uno de ellos y no quieres, no lo aceptas porque tú no eres así, tú tienes algo. O no. Lo ves todo negro, todo tan sucio que te dan arcadas de mirar tu vida y quieres morirte.
Y un día te preguntas ¿entonces por qué cojones sigo viviendo? 
- ¡PORQUE TÚ EXISTES! Y estás aquí conmigo.
Ahí estaba la respuesta, tan clara, tan bonita como la luz del atardecer que nunca te paras a mirar pero que tanto te gustaría poseer. Y así es como me di cuenta de que valía la pena vivir y regalarte los versos que no sabré recitar, pero que siento aquí dentro, justo en el centro de mi corazón.

Un día abres los ojos y descubres que el mundo por el que respirabas, se traga tu oxígeno y vive, a su manera, por ti. Que lo ha hecho siempre y no te has querido dar cuenta. Sonríes y vuelves a inspirar. Ahora cada bocanada de aire es como un trocito de cielo; sólo porque tú también respiras.
En ese momento, empiezas a valorar la vida como lo que realmente es: una oportunidad.

jueves, 12 de enero de 2012

POCOS ENTIENDEN QUE ES HOY Y AHORA.

Cómo hablar de amor sin decir te quiero.

La vida es… no sé, nunca pensé que me tocaría definirla. Supongo que me he acostumbrado a abrir los ojos cada mañana y no preguntar el porqué sigo respirando un día más. Te levantas y el frío te cala en los huesos, se eriza la piel y el sol deslumbra tu vista. Solemos rascarnos los ojos y apartarnos el pelo de la cara. Después de esto me gusta coger una buena bocanada de aire y notar como mis pulmones se hinchan de existencia.
Viajo, camino y conozco a cientos de personas cada día. Las calles son grises, ruidosas y atolondradas y la gente parece estar ocupada acumulando pensamientos en el cielo, que últimamente amenazan lluvia. Pero yo camino tranquila y miro los rostros de la muchedumbre y si alguien me devuelve la mirada intento entender su corazón. Me pregunto quién será y qué siente. Y más allá de lo que reflejen sus ojos veo vida. Estamos plagados de ella, allá donde voy encuentro océanos y universos de vida. Está en los pasos de la gente, en su aliento, el viento revolviendo cabellos, el pestañeo continuo, la comisura de los labios, el roce de la mano con la barandilla, las prisas por coger el metro, el sonido de emergencia, los ‘buenos días’ espontáneos y el sabor del primer trago del desayuno.
Abunda en sobremanera, tanto que corres peligro de acostumbrarte y no saber valorarla. Simplemente está ahí, como todo y crees que no puede irse a ninguna parte. En cierto modo, la vida nunca te abandona. Eres tú quien la olvida. Yo he tenido épocas en las que he estado apunto de olvidarme de ella. De repente el mundo era completa rutina y no me ofrecía nada, por lo que no me paraba a vivir. Me dedicaba a seguir existiendo día tras día. Pero ahora todo es distinto, ahora hay imágenes que me impactan, sonidos que me despiertan y semáforos en ámbar que me hacen dudar entre cruzar la calle o esperar. Mi mundo, mi vida está llena, completa y me siento realizada con cada suspiro, cada gesto y cada latido que proceso involuntariamente. Me alegro a cada instante de estar viva ahora mismo. Estoy satisfecha con ella y podría morir dando gracias por todo aquello que siento en mi corazón.
A veces sólo de pensarte me sonrojo y me empiezo a sentir estúpida, allí donde quiera que esté, sola con un café entre las manos o esperando el autobús, advirtiendo el gesto de la gente con su mirada de confusión y sus sentencias de jueces baratos "oh, ella está enamorada".
Pues no, señores, no estoy enamorada. Te pienso y me sonrojo por cómo me mirabas, por cómo me tocabas, por cómo me hacías gemir. Pero todo eso ya no está, ahora sólo hay un gran muro de tristeza que envuelve tu recuerdo. Me sonrojo porque ahora que sé la verdad, esos recuerdos son lo único que quedan para seguir creyendo en el amor.


Escondía todos los encantos en una sonrisa prefabricada.

miércoles, 11 de enero de 2012

¿Capaz o incapaz? ♥

Felicidad en estado puro, brutal, natural, volcánico ¡qué gozada! Era lo mejor del mundo:
Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que la coca, chutes, porros, hachís, rallas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácidos, lsd ,éxtasis... 
Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, que una orgía, una paja, el sexo tántrico, el kamasutra, las bolas chinas...
Mejor que la nocilla y los batidos de plátano.
Mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de los Teleñecos, que el fin del Milenium... 
Mejor que los andares de Ally Mcbeal, Marilyn, la Pitufina, Lara Croft, Naomi Campbell y el lunar de Cindy Crawford.
Mejor que el pequeño paso de Amstrong sobre la Luna, el Space Mountain, Papa Noel, la fortuna de Bill Gates, las malas experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lázaro, todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colágeno de los labios de Pamela Anderson, mejor que los excesos de Morrinson...
Mejor que la libertad. Mejor que la vida. 

martes, 10 de enero de 2012

Bob Marley lo dijo :

”si ella puede hacerte reír al menos una vez, te hace pensar dos veces, si admite ser humana y cometer errores, no la dejes ir y dale lo mejor de ti. Ella no va a recitarte poesía, no está pensando en ti en todo momento, pero te dará una parte de ella que sabe que podrías romper. No la lastimes, no la cambies, y no esperes de ella más de lo que puede darte. No analices. Sonríe cuando te haga feliz, grita cuando te haga enojar y extráñala cuando no esté. Ama con todo tu ser cuando recibas su amor. Porque no existen las chicas perfectas, pero siempre habrá una chica que es perfecta para ti..”

viernes, 6 de enero de 2012