jueves, 17 de noviembre de 2011

Mi mundo es amarillo

En el universo no hay reglas. Cualquier mundo se rige por reglas, pero mi mundo no las tiene, es tal y como yo quiero que sea. No me gustan reglas, así que jamás he deseado que mi mundo las tenga. Sería una incongruencia. No creo que sean necesarias, no sirven de nada, sólo están para que te las saltes. Nada de lo que te dicen que es sagrado en esta vida creo que lo sea. Nada de lo que digan que es lo correcto creo que lo sea. Todo tiene dos caras, todo tiene dos perspectivas.
Yo sólo he creído en mi mundo, no en el que nos cuentan. El mundo que nos muestran en las películas, el del cine, es un mundo creado por tópicos que no son verdad, y acabamos pensando que el mundo es así. Te enseñan cómo es el amor, y luego te enamoras y no es como en las películas (ojalá lo fuera). Te enseñan cómo es el sexo, luego lo tienes y tampoco es como en las películas. Hasta te enseñan cómo son las rupturas de parejas. Cuántas veces la gente ha quedado con su pareja en un bar y ha emulado una ruptura de cine. Y no funciona, no funciona porque lo que en el celuloide se despacha en cinco minutos, luego a ti te lleva seis horas y al final no rompes sino que te comprometes a casarte y tener hijos.
Tampoco creo en las etiquetas que pretenden definir a las generaciones. Yo no me siento generación X, ni generación iPod, ni mucho menos generación metrosexual o übbersexual.
En mi mundo no hay etiquetas, no hay normas, no hay reglas.
Yo solo tengo creencia de la propia creencia y creación. Creer y crear.

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