jueves, 13 de enero de 2011

Dueños del silencio.

Hace tiempo descubrí que para comunicarse no siempre son necesarias las palabras. Las palabras se pueden manipular, pueden perder su valor o tener demasiado. En cambio el silencio es algo más noble, es algo que se puede compartir, es estar en control, es poder.
Dicen que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio.
Sufrir en silencio es un grito desesperado, un grito mudo que ensordece. El vacío se vuelve innombrable porque eso que nos falta nos parte el corazón al medio.
Es como eso que no quieres contar para que no se pinche y crees que el solo hecho de nombrarlo puede arruinar todo. ¿Lo que existe en silencio deja de existir si lo ponemos en palabras? ¿Palabras obvias que no hace falta decir o tal vez justamente por obvias hay que decirlas?
Sabes que pasa, pero hasta no ponerle palabras no es real.

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